miércoles, 27 de mayo de 2026

ANÁLISIS DE UN CASO DE FALSA DENUNCIA DE ABUSO SEXUAL

                                                                                

Cuando una mujer sostiene el deseo de ser abordada en una situación prohibida y el hombre no avanza (ya sea por respeto, timidez, falta de lectura de las señales o por sus propios límites morales), el espacio de la fantasía choca bruscamente con la realidad.

Dependiendo de la estructura psíquica de la mujer y de cómo procese ese "no-acto", las reacciones pueden oscilar entre la neurosis común y respuestas mucho más hostiles o destructivas:

La defensa por desprecio: Para proteger su propio ego del dolor del rechazo, la mujer puede activar un mecanismo de defensa que invierte el deseo en desdén. El hombre, que antes era visto como una figura prohibida y tentadora, pasa a ser percibido como "cobarde", "débil", "falto de virilidad" o "tonto".

El castigo al "objeto fallido": Al no haber cumplido con el rol que ella le había asignado en su guion mental, puede reaccionar con hostilidad manifiesta, frialdad cortante o comentarios pasivo-agresivos para castigarlo por haber fallado en "adivinar" o ejecutar el deseo.

La Reacción Histérica: La Proyección y la Acusación

En estructuras más histéricas, donde el deseo se sostiene precisamente en que permanezca insatisfecho o prohibido, la falta de acción del hombre puede generar un cortocircuito.

·Giro del guion: Si la situación era muy ambigua o hubo un juego de seducción previo, el sentimiento de frustración y vergüenza por haber querido algo "prohibido" puede ser tan intolerable que la mujer proyecte la culpa en el hombre.

·Victimización: Puede convencerse a sí misma (o relatar a otros) que el hombre la estaba incomodando, acosando o que él tuvo intenciones oscuras, transformando su propia frustración por lo que no pasó en una indignación moral por lo que pudo haber pasado. Es una forma de limpiar su propia culpa ante lo prohibido, colocándola toda en el otro.

La reacción dependerá de qué tan maduro sea su aparato psíquico. Si predomina el narcisismo, reaccionará con ira, desprecio o revanchismo hacia el hombre que "falló".

Desde una perspectiva psicológica y forense, la dinámica de la frustración afectiva o el rechazo narcisista es uno de los motores más comunes detrás de las falsas acusaciones en contextos de intimidad o seducción.

Cuando la fantasía de transgresión choca contra la inacción o el freno del hombre, el aparato psíquico de la mujer puede activar mecanismos de defensa extremadamente regresivos para lidiar con el malestar. La transformación de esa escena en una falsa acusación de abuso se produce principalmente a través de tres vías psicológicas:

La Inversión por Culpa y Proyección

Desear una situación prohibida suele generar un conflicto interno muy fuerte con el Superyó (la conciencia moral y las normas sociales).

Si el hombre no procede, la mujer se queda a solas con su deseo transgresor y con la vergüenza de haber estado dispuesta a cruzar el límite.

Para liberarse de esa culpa intolerable, la psique utiliza la proyección: el deseo propio se le atribuye al otro. La narrativa interna cambia drásticamente: "Yo no deseaba eso prohibido, fue él quien intentó forzarme/abusar de mí". De este modo, la mujer se reinstala en un lugar de pureza moral e inocencia ante sus propios ojos y ante los demás.

Venganza Narcisista y Reparación del Orgullo

El hecho de que el hombre no avance suele ser decodificado como un rechazo directo a su poder de atracción. Para ciertas estructuras de personalidad con rasgos narcisistas o limítrofes, el daño al orgullo es una herida intolerable.

La falsa acusación funciona aquí como una herramienta de poder y castigo. Si el hombre la hizo sentir "menos" al no actuar, la denuncia busca destruirlo social, laboral o legalmente.

Es una forma de retomar el control de la situación: "Si no te tuve de la manera que yo quería, te tendré bajo mi control a través de la destrucción de tu reputación".

Reescribir la Historia (Mitomanía o Pseudología Fantástica)

En situaciones de mucha ambigüedad, alcohol de por medio o un juego de seducción previo que quedó trunco, el recuerdo de la experiencia puede distorsionarse con el paso de las horas o los días.

Impulsada por el despecho o la necesidad de justificar su angustia ante terceros (una pareja, amigas o la familia), la persona empieza a relatar la historia alterando los hechos.

Lo que inicialmente fue un "no pasó nada y me dio rabia/vergüenza" se transforma gradualmente en su discurso en un "intentó sobrepasarse". A fuerza de repetir la mentira para sostener su postura social, el relato se rigidiza hasta convertirse en una denuncia formal.

El peligro de la ambigüedad:

En la psicología jurídica se estudia que el mayor riesgo de estas falsas acusaciones ocurre cuando la escena original tuvo un componente de confidencialidad o secreto. Al no haber testigos, la víctima de la falsa acusación (el hombre que decidió no proceder) queda atrapada en una encrucijada donde su propia rectitud o respeto al límite es justamente lo que desencadenó el ataque a su integridad.

La repetición de este tipo de experiencias puede actuar en la mujercomo un catalizador de un proceso de redescubrimiento o un cambio en la conducta sexual.

Si una mujer vive repetidamente la frustración de que sus dinámicas de seducción con hombres fallen, terminen en conflicto, en heridas narcisistas o en acusaciones, el aparato psíquico puede reaccionar de las siguientes maneras:

El Retiro del Deseo del Mundo Masculino (Defensa y Refugio)

Cuando una experiencia conflictiva se repite sistemáticamente (lo que en psicoanálisis se llama compulsión a la repetición), el sufrimiento o la frustración pueden volverse intolerables.

La mujer puede hacer un giro defensivo: Si el "objeto hombre" es vivido repetidamente como una fuente de rechazo, peligro, culpa o frustración, la psique puede optar por clausurar esa vía.

El lesbianismo como "refugio" u opción política/afectiva: Algunas mujeres, tras consecutivas experiencias traumáticas o frustrantes con varones, deciden consciente o inconscientemente volcar su afectividad y su sexualidad hacia otras mujeres buscando un terreno que perciben como más seguro, simétrico o libre de las dinámicas de poder y frustración que vivían con los hombres.

Fluidez Sexual y Orientaciones Latentes

La sexología actual (apoyada en estudios como los de Lisa Diamond sobre fluidez sexual) plantea que muchas mujeres tienen una capacidad de fluctuación en su deseo a lo largo de la vida que es mayor que la de los hombres.

Si esta mujer ya poseía una homosexualidad latente o una veta bisexual que no había explorado, la crisis y el hartazgo frente a los hombres pueden funcionar como el "detonante" que rompe la represión.

En este caso, la repetición del fracaso con los hombres no crea el lesbianismo, sino que actúa como la gota que derrama el vaso, empujándola a explorar un deseo que ya estaba ahí pero que el mandato social o sus propias defensas mantenían oculto.

El Cambio de "Escenario" pero la Repetición del Síntoma

Aquí reside el mayor riesgo desde el punto de vista clínico: cambiar de género de la pareja no necesariamente cambia la estructura neurótica del sujeto.

Si la mujer tiene una fijación psicológica con el deseo prohibido, la frustración narcisista o la tendencia a sabotear los encuentros (como vimos en los análisis anteriores), es muy probable que traslade esa misma dinámica a sus relaciones con otras mujeres.

El inconsciente no se cura cambiando de objeto, sino haciendo consciente el conflicto. Si el problema de fondo es la forma en que ella procesa la frustración o la necesidad de transgresión, eventualmente se encontrará en el plano lésbico con situaciones análogas: parejas que no responden a su guion idealizado, frustraciones, celos y la misma sensación de vacío.

Más que un cambio de orientación en el sentido biológico o estructural, lo que se produce es una reconfiguración de la elección de pareja. La mujer puede optar por el lesbianismo como una salida existencial, afectiva o política frente al fracaso repetido con los hombres. Sin embargo, si la matriz que genera el conflicto (la intolerancia al rechazo, la proyección, etc.) no se elabora en un espacio terapéutico, el escenario cambia, pero la obra de teatro psíquica tiende a ser la misma.

Para Lacan, la situación (una mujer que desea ser abordada en una situación prohibida, el hombre que no avanza, la posterior reacción hostil o la acusación, y el eventual viraje al lesbianismo) es una radiografía perfecta de la estructura histérica y de su relación con el goce.

El análisis de esta secuencia se divide en cuatro conceptos fundamentales de la clínica lacaniana:

·El Deseo Histérico: El Deseo como Insatisfecho

El axioma lacaniano central para comprender esto es: "El deseo de la histérica es el deseo de mantener el deseo insatisfecho".

La trampa del abordaje: Cuando esta mujer se coloca en una situación prohibida esperando ser abordada, lo que verdaderamente busca no es el acto sexual en sí (el encuentro carnal con el objeto), sino sostener el enigma de su deseo.

El juego con el límite: Busca el borde de la transgresión porque es allí donde el deseo brilla. Quiere ser deseada, quiere causar el deseo del hombre, pero desde un lugar donde ella retenga el control de la insatisfacción.

·El Hombre que "No Procede": El Enfrentamiento con la Falta

¿Qué pasa cuando el hombre no avanza? Hay dos lecturas lacanianas posibles del lado de la mujer, y ambas desencadenan una crisis:

El hombre no cae en la trampa: La histérica busca un hombre que sea un "Amo", pero para poder castrarlo, para demostrar que él también flaquea. Si el hombre se frena y no procede, no le da a ella el terreno para jugar su partida. Al no avanzar, el hombre no se muestra tomado por el deseo hacia ella.

La caída del Objeto Causa de Deseo: Para ella, el hombre deja de encarnar ese "Otro con mayúscula" que validaba su ser. Al no proceder, el hombre le devuelve la mirada de su propia falta, lo que genera una angustia intolerable. El "no-acto" del hombre la arroja al vacío subjetivo.

·La Falsa Acusación: Del Acting Out al Pasaje al Acto

Lacan distingue la agresión común de las respuestas estructurales ante la angustia. La falsa acusación de abuso tras este escenario puede entenderse bajo dos conceptos:

El Acting Out (La puesta en escena): La acusación es un montaje, un discurso dirigido al Otro (la sociedad, la ley, la justicia) para tapar su propia falta y su propia culpa por haber deseado la transgresión. Es un intento de reescribir la escena: "Yo no soy el objeto degradado que él rechazó; soy la víctima de su exceso". De este modo, reestablece su valor en el plano de lo simbólico.

El odio al "Padre" fallido: Al no actuar, el hombre "falló" en la función de sostener el juego del deseo. La acusación busca castigar al portador de la función fálica que se mostró impotente o indiferente ante su llamado.

·El Giro al Lesbianismo: La Pregunta por "La Mujer"

Lacan sostenía que la histérica no se pregunta por el hombre, sino que se pregunta qué es ser una mujer. Para intentar resolver este enigma, la histérica utiliza al hombre para mirar a otra mujer (la otra mujer que ella supone que sí sabe lo que es el goce femenino).

Cuando esta experiencia de desencuentro con los hombres se repite y la mujer opta por el lesbianismo, el psicoanálisis lacaniano no ve un cambio de "preferencia biológica", sino una mudanza de estrategia subjetiva:

La homosexualidad femenina en Lacan: Lacan analizó esto en textos como El caso de la joven homosexual de Freud. El paso al lesbianismo puede ser una renuncia decepcionada al hombre como intermediario. La mujer deja de buscar la respuesta a través del falocentrismo masculino y decide buscar el objeto de amor directamente en otra mujer.

El amor al objeto "puro": Al elegir a otra mujer, el sujeto busca una relación que no esté mediada por la "torpeza" del deseo masculino o las trampas de la castración que sufrió con el hombre que no procedió. Intenta un lazo donde el goce no pase por la ley del hombre.

La repetición estructural: Sin embargo, desde la perspectiva lacaniana, si el posicionamiento subjetivo no cambia en un análisis, el conflicto se traslada. La pregunta sobre la falta y la insatisfacción reaparecerá en los vínculos lésbicos, porque el equívoco y la imposibilidad de la relación sexual (en términos de complementariedad total) son estructurales a todo ser hablante, independientemente de la elección de objeto.

Desde Lacan, este circuito muestra a un sujeto atrapado en el lenguaje y el goce. El hombre que no avanza comete el "pecado" de no responder al juego neurótico de la insatisfacción. Ante la angustia de ser confrontada con su propia falta, la mujer responde desde lo Simbólico con el relato/denuncia para salvar su posición, y si el sistema fracasa repetidamente, muda su teatro amoroso hacia el plano homosexual para intentar responder a la pregunta que la constituye: ¿Qué quiere una mujer?


 






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