Cuando una mujer sostiene el deseo de ser abordada en una
situación prohibida y el hombre no avanza (ya sea por respeto, timidez, falta
de lectura de las señales o por sus propios límites morales), el espacio de la
fantasía choca bruscamente con la realidad.
Dependiendo de la estructura psíquica de la mujer y de cómo
procese ese "no-acto", las reacciones pueden oscilar entre la
neurosis común y respuestas mucho más hostiles o destructivas:
La defensa por desprecio: Para proteger su propio ego del
dolor del rechazo, la mujer puede activar un mecanismo de defensa que invierte
el deseo en desdén. El hombre, que antes era visto como una figura prohibida y
tentadora, pasa a ser percibido como "cobarde", "débil",
"falto de virilidad" o "tonto".
El castigo al "objeto fallido": Al no haber
cumplido con el rol que ella le había asignado en su guion mental, puede
reaccionar con hostilidad manifiesta, frialdad cortante o comentarios
pasivo-agresivos para castigarlo por haber fallado en "adivinar" o
ejecutar el deseo.
La Reacción Histérica: La Proyección y la Acusación
En estructuras más histéricas, donde el deseo se sostiene
precisamente en que permanezca insatisfecho o prohibido, la falta de acción del
hombre puede generar un cortocircuito.
·Giro del guion: Si la situación era muy ambigua o hubo un
juego de seducción previo, el sentimiento de frustración y vergüenza por haber
querido algo "prohibido" puede ser tan intolerable que la mujer
proyecte la culpa en el hombre.
·Victimización: Puede convencerse a sí misma (o relatar a
otros) que el hombre la estaba incomodando, acosando o que él tuvo intenciones
oscuras, transformando su propia frustración por lo que no pasó en una
indignación moral por lo que pudo haber pasado. Es una forma de limpiar su
propia culpa ante lo prohibido, colocándola toda en el otro.
La reacción dependerá de qué tan maduro sea su aparato
psíquico. Si predomina el narcisismo, reaccionará con ira, desprecio o
revanchismo hacia el hombre que "falló".
Desde una perspectiva psicológica y forense, la dinámica de
la frustración afectiva o el rechazo narcisista es uno de los motores más
comunes detrás de las falsas acusaciones en contextos de intimidad o seducción.
Cuando la fantasía de transgresión choca contra la inacción
o el freno del hombre, el aparato psíquico de la mujer puede activar mecanismos
de defensa extremadamente regresivos para lidiar con el malestar. La
transformación de esa escena en una falsa acusación de abuso se produce
principalmente a través de tres vías psicológicas:
La Inversión por Culpa y Proyección
Desear una situación prohibida suele generar un conflicto
interno muy fuerte con el Superyó (la conciencia moral y las normas sociales).
Si el hombre no procede, la mujer se queda a solas con su
deseo transgresor y con la vergüenza de haber estado dispuesta a cruzar el
límite.
Para liberarse de esa culpa intolerable, la psique utiliza
la proyección: el deseo propio se le atribuye al otro. La narrativa interna
cambia drásticamente: "Yo no deseaba eso prohibido, fue él quien intentó
forzarme/abusar de mí". De este modo, la mujer se reinstala en un lugar de
pureza moral e inocencia ante sus propios ojos y ante los demás.
Venganza Narcisista y Reparación del Orgullo
El hecho de que el hombre no avance suele ser decodificado
como un rechazo directo a su poder de atracción. Para ciertas estructuras de
personalidad con rasgos narcisistas o limítrofes, el daño al orgullo es una
herida intolerable.
La falsa acusación funciona aquí como una herramienta de
poder y castigo. Si el hombre la hizo sentir "menos" al no actuar, la
denuncia busca destruirlo social, laboral o legalmente.
Es una forma de retomar el control de la situación: "Si
no te tuve de la manera que yo quería, te tendré bajo mi control a través de la
destrucción de tu reputación".
Reescribir la Historia (Mitomanía o Pseudología Fantástica)
En situaciones de mucha ambigüedad, alcohol de por medio o
un juego de seducción previo que quedó trunco, el recuerdo de la experiencia
puede distorsionarse con el paso de las horas o los días.
Impulsada por el despecho o la necesidad de justificar su
angustia ante terceros (una pareja, amigas o la familia), la persona empieza a
relatar la historia alterando los hechos.
Lo que inicialmente fue un "no pasó nada y me dio
rabia/vergüenza" se transforma gradualmente en su discurso en un
"intentó sobrepasarse". A fuerza de repetir la mentira para sostener
su postura social, el relato se rigidiza hasta convertirse en una denuncia
formal.
El peligro de la ambigüedad:
En la psicología jurídica se estudia que el mayor riesgo de
estas falsas acusaciones ocurre cuando la escena original tuvo un componente de
confidencialidad o secreto. Al no haber testigos, la víctima de la falsa
acusación (el hombre que decidió no proceder) queda atrapada en una encrucijada
donde su propia rectitud o respeto al límite es justamente lo que desencadenó
el ataque a su integridad.
La repetición de este tipo de experiencias puede actuar en
la mujercomo un catalizador de un proceso de redescubrimiento o un cambio en la
conducta sexual.
Si una mujer vive repetidamente la frustración de que sus
dinámicas de seducción con hombres fallen, terminen en conflicto, en heridas
narcisistas o en acusaciones, el aparato psíquico puede reaccionar de las
siguientes maneras:
El Retiro del Deseo del Mundo Masculino (Defensa y Refugio)
Cuando una experiencia conflictiva se repite
sistemáticamente (lo que en psicoanálisis se llama compulsión a la repetición),
el sufrimiento o la frustración pueden volverse intolerables.
La mujer puede hacer un giro defensivo: Si el "objeto
hombre" es vivido repetidamente como una fuente de rechazo, peligro, culpa
o frustración, la psique puede optar por clausurar esa vía.
El lesbianismo como "refugio" u opción
política/afectiva: Algunas mujeres, tras consecutivas experiencias traumáticas
o frustrantes con varones, deciden consciente o inconscientemente volcar su
afectividad y su sexualidad hacia otras mujeres buscando un terreno que
perciben como más seguro, simétrico o libre de las dinámicas de poder y
frustración que vivían con los hombres.
Fluidez Sexual y Orientaciones Latentes
La sexología actual (apoyada en estudios como los de Lisa
Diamond sobre fluidez sexual) plantea que muchas mujeres tienen una capacidad
de fluctuación en su deseo a lo largo de la vida que es mayor que la de los
hombres.
Si esta mujer ya poseía una homosexualidad latente o una
veta bisexual que no había explorado, la crisis y el hartazgo frente a los
hombres pueden funcionar como el "detonante" que rompe la represión.
En este caso, la repetición del fracaso con los hombres no
crea el lesbianismo, sino que actúa como la gota que derrama el vaso,
empujándola a explorar un deseo que ya estaba ahí pero que el mandato social o
sus propias defensas mantenían oculto.
El Cambio de "Escenario" pero la Repetición del
Síntoma
Aquí reside el mayor riesgo desde el punto de vista clínico:
cambiar de género de la pareja no necesariamente cambia la estructura neurótica
del sujeto.
Si la mujer tiene una fijación psicológica con el deseo
prohibido, la frustración narcisista o la tendencia a sabotear los encuentros
(como vimos en los análisis anteriores), es muy probable que traslade esa misma
dinámica a sus relaciones con otras mujeres.
El inconsciente no se cura cambiando de objeto, sino
haciendo consciente el conflicto. Si el problema de fondo es la forma en que
ella procesa la frustración o la necesidad de transgresión, eventualmente se
encontrará en el plano lésbico con situaciones análogas: parejas que no
responden a su guion idealizado, frustraciones, celos y la misma sensación de
vacío.
Más que un cambio de orientación en el sentido biológico o
estructural, lo que se produce es una reconfiguración de la elección de pareja.
La mujer puede optar por el lesbianismo como una salida existencial, afectiva o
política frente al fracaso repetido con los hombres. Sin embargo, si la matriz
que genera el conflicto (la intolerancia al rechazo, la proyección, etc.) no se
elabora en un espacio terapéutico, el escenario cambia, pero la obra de teatro
psíquica tiende a ser la misma.
Para Lacan, la situación (una mujer que desea ser abordada
en una situación prohibida, el hombre que no avanza, la posterior reacción
hostil o la acusación, y el eventual viraje al lesbianismo) es una radiografía
perfecta de la estructura histérica y de su relación con el goce.
El análisis de esta secuencia se divide en cuatro conceptos
fundamentales de la clínica lacaniana:
·El Deseo Histérico: El Deseo como Insatisfecho
El axioma lacaniano central para comprender esto es:
"El deseo de la histérica es el deseo de mantener el deseo
insatisfecho".
La trampa del abordaje: Cuando esta mujer se coloca en una
situación prohibida esperando ser abordada, lo que verdaderamente busca no es
el acto sexual en sí (el encuentro carnal con el objeto), sino sostener el
enigma de su deseo.
El juego con el límite: Busca el borde de la transgresión
porque es allí donde el deseo brilla. Quiere ser deseada, quiere causar el
deseo del hombre, pero desde un lugar donde ella retenga el control de la
insatisfacción.
·El Hombre que "No Procede": El
Enfrentamiento con la Falta
¿Qué pasa cuando el hombre no avanza? Hay dos lecturas
lacanianas posibles del lado de la mujer, y ambas desencadenan una crisis:
El hombre no cae en la trampa: La histérica busca un hombre
que sea un "Amo", pero para poder castrarlo, para demostrar que él
también flaquea. Si el hombre se frena y no procede, no le da a ella el terreno
para jugar su partida. Al no avanzar, el hombre no se muestra tomado por el
deseo hacia ella.
La caída del Objeto Causa de Deseo: Para ella, el hombre
deja de encarnar ese "Otro con mayúscula" que validaba su ser. Al no
proceder, el hombre le devuelve la mirada de su propia falta, lo que genera una
angustia intolerable. El "no-acto" del hombre la arroja al vacío
subjetivo.
·La Falsa Acusación: Del Acting Out al Pasaje al Acto
Lacan distingue la agresión común de las respuestas
estructurales ante la angustia. La falsa acusación de abuso tras este escenario
puede entenderse bajo dos conceptos:
El Acting Out (La puesta en escena): La acusación es un
montaje, un discurso dirigido al Otro (la sociedad, la ley, la justicia) para
tapar su propia falta y su propia culpa por haber deseado la transgresión. Es
un intento de reescribir la escena: "Yo no soy el objeto degradado que él
rechazó; soy la víctima de su exceso". De este modo, reestablece su valor
en el plano de lo simbólico.
El odio al "Padre" fallido: Al no actuar, el
hombre "falló" en la función de sostener el juego del deseo. La
acusación busca castigar al portador de la función fálica que se mostró
impotente o indiferente ante su llamado.
·El Giro al Lesbianismo: La Pregunta por "La
Mujer"
Lacan sostenía que la histérica no se pregunta por el
hombre, sino que se pregunta qué es ser una mujer. Para intentar resolver este
enigma, la histérica utiliza al hombre para mirar a otra mujer (la otra mujer
que ella supone que sí sabe lo que es el goce femenino).
Cuando esta experiencia de desencuentro con los hombres se
repite y la mujer opta por el lesbianismo, el psicoanálisis lacaniano no ve un
cambio de "preferencia biológica", sino una mudanza de estrategia
subjetiva:
La homosexualidad femenina en Lacan: Lacan analizó esto en
textos como El caso de la joven homosexual de
Freud. El paso al lesbianismo puede ser una renuncia decepcionada al hombre
como intermediario. La mujer deja de buscar la respuesta a través del falocentrismo masculino y decide buscar el objeto de
amor directamente en otra mujer.
El amor al objeto "puro": Al elegir a otra mujer,
el sujeto busca una relación que no esté mediada por la "torpeza" del
deseo masculino o las trampas de la castración que sufrió con el hombre que no
procedió. Intenta un lazo donde el goce no pase por la ley del hombre.
La repetición estructural: Sin embargo, desde la perspectiva
lacaniana, si el posicionamiento subjetivo no cambia en un análisis, el
conflicto se traslada. La pregunta sobre la falta y la insatisfacción
reaparecerá en los vínculos lésbicos, porque el equívoco y la imposibilidad de
la relación sexual (en términos de complementariedad total) son estructurales a
todo ser hablante, independientemente de la elección de objeto.
Desde Lacan, este circuito muestra a un sujeto atrapado en
el lenguaje y el goce. El hombre que no avanza comete el "pecado" de
no responder al juego neurótico de la insatisfacción. Ante la angustia de ser
confrontada con su propia falta, la mujer responde desde lo Simbólico con el
relato/denuncia para salvar su posición, y si el sistema fracasa repetidamente,
muda su teatro amoroso hacia el plano homosexual para intentar responder a la
pregunta que la constituye: ¿Qué quiere una mujer?




