martes, 30 de diciembre de 2025

LA DEMANDA IMPOSIBLE.


Relataré aquí lo que le sucedió hace muchos años a una abogada recién recibida.

Por pedido de un familiar -y porque aún no había no había conseguido muchos clientes- esta profesional accedió a atender a un sujeto de muy baja condición social y con una educación formal casi nula.
 
Al entrevistar a este potencial cliente, la abogada se encontró con un problema que no pudo resolver: no entendía lo que le pedía este buen hombre. No pudiendo superar esta situación, citó al sujeto para una próxima fecha. Le contó la situación a un abogado amigo con más experiencia, y este aceptó ayudarla estando presente en la próxima entrevista. 

En esa ocasión sucedió lo mismo: era prácticamente imposible entender qué era lo que pretendía lograr el cliente. Finalmente el abogado le hizo una pregunta bastante simple: 

"¿Usted que le quiere pedir al juez?"

La respuesta sorprendió a los abogados:

"Quiero que el juez le ordene a mi mujer que vuelva conmigo".

El abogado le explicó en palabras simples y con toda paciencia que, de todas las medidas que se le podían solicitar al juez, esa era la única que éste no podía conceder. 

Entonces el pobre hombre expresó sus argumentos en contra: 

"Mi mujer me abandonó porque tuvimos una discusión, pero el juez tiene que ordenarle que vuelva conmigo porque es lo que dice la ley. Cuando nos casamos el oficial del registro nos leyó un papel que decía que la esposa tiene la obligación seguir al marido a dónde él vaya. Entonces el juez tiene que ordenarle que vuelva conmigo."

De todas las explicaciones qué le dieron los abogados ninguna lo convenció, y el potencial cliente se retiró decepcionado. 

Si bien la petición de este pobre hombre parece absurda, hoy en día existe un caso similar que se ventila habitualmente en los tribunales: es el de la mujer golpeada que le inicia un juicio a su marido pero sigue conviviendo con él.

Por más resoluciones que emita el juez interviniente, si la convivencia continúa no existe ninguna medida legal capaz de lograr que el sujeto deje de golpearla; la pretensión de la demandante resulta tan absurda cómo la del pobre hombre ignorante del caso anterior, y a pesar de cualquier explicación que se le dé, la víctima sigue actuando como si no entendiera que la única solución posible es la separación.

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