Hasta pocos meses antes del inicio
de la Segunda Guerra Mundial Adolfo Hitler confiaba en lograr una alianza con
Gran Bretaña que le garantizara evitar su intervención ante las nuevas
iniciativas que tomaría Alemania a fin de seguir anexando territorios a los que
consideraba parte de su espacio vital. La confianza de Hitler en lograr tal
alianza se fundaba en la actitud que había mantenido Gran Bretaña ante los
avances de Alemania sobre varios territorios europeos por un lado, y por otro
en una cuestión ideológica: dada la indiscutible posición de Hitler contra el
comunismo, y siendo que éste se presentó desde el inicio como el mayor enemigo
del capitalismo, se podía esperar de Gran Bretaña y sus países aliados
esencialmente capitalistas una preferencia por el nacionalsocialismo antes que
por el comunismo. En otras palabras, se haría realidad aquello de que "el
enemigo de mi enemigo es mi amigo". En teoría la suposición de Hitler era
fundada, por lo que cabe analizar los motivos por los que a la postre resultó
errónea.
Cuando comenzaron a resultar evidentes las
consecuencias negativas que resultaban
de la aplicación del sistema capitalista afectando a numerosos grupos de
la población al propiciar la libertad absoluta de la que gozaban los dueños de
los medios de producción al momento de explotar a sus trabajadores, surgieron
en los círculos intelectuales distintas
propuestas que defendían sus derechos mejorando las
condiciones de trabajo del grupo cada vez más numeroso de personas que eran
explotadas hasta extremos prácticamente intolerables por los capitalistas de
turno.
Así surgieron movimientos socialistas con
propuestas similares y unos pocos matices distintivos que no lograron demasiada
trascendencia en su momento debido a su diversificación, a que los
intelectuales que las proponían eran todos pertenecientes a la clase burguesa y
a que no se registraba un apoyo masivo de parte de la población. El intento más
destacado fue la Comuna de París que tuvo una existencia efímera y fue
fácilmente sofocada por las fuerzas del capitalismo. Posteriormente apareció el
comunismo cuyos principios se establecieron con base en las teorizaciones de
Carlos Marx. La principal diferencia de la propuesta comunista en comparación
con las de los distintos socialismos se relacionaba con el rol del estado: éste
debía pasar a ser el dueño de todos los medios de producción al abolirse la
propiedad privada; el comunismo pasaba a ser de esta manera la mayor y más
peligrosa amenaza a la subsistencia del sistema capitalista.
La revolución soviética de 1917 dio
ocasión al comunismo de llevar su teoría a la práctica. A pesar de este triunfo
no hubo una reacción importante en los países capitalistas: Alemania favoreció
la llegada de Lenin al poder por razones estratégicas y Gran Bretaña brindo un
débil apoyo a las tropas zaristas. Más insólita resultó la actitud de ciertos
banqueros norteamericanos que financiaron la llegada al poder de Lenin. La
flamante U.R.S.S. no encontró grandes dificultades para integrarse a la
comunidad de las naciones.
Todo esto revela que los
intelectuales capitalistas no consideraban al comunismo una amenaza tan grave
como supuestamente debería haberlo sido.
Estos partían de la suposición de que cualquier sistema que considerara
iguales a todas las personas y que las privara de la posibilidad de acceder a
una propiedad haría imposible la existencia de cualquier iniciativa orientada a
la producción. Esta tesis se vio confirmada por el fracaso de la política
económica inicial que impuso Lenin en la Unión Soviética que lo obligó a dar
marcha atrás en muchas de sus reformas.
En el período entre los dos garras mundiales
los países más importantes mantuvieron relaciones normales co la U.R.S.S. hasta
el advenimiento del fascismo en Italia y del nacionalsocialismo en Alemania. La
llegada del poder de Mussolini en Italia se debió esencialmente al temor de la
burguesía de ese país ante la posibilidad de que un régimen comunista se erigiera triunfante ante el capitalismo
decadente que ya no daba respuesta satisfactorias a las demandas de la mayor
parte de la población integrada por el proletariado campesino e
industrial. La propuesta del fascismo de
controlar la economía desde el estado le pareció menos grave a la burguesía que
la del comunismo que proponía la expropiación total, y en consecuencia
decidieron apoyar a Mussolini, quien también atrajo a los sectores proletarios
en vista de las mejoras que recibieron del nuevo régimen.
El ascenso de Hitler al poder se
debió la incapacidad de los gobiernos de la República de Weimar para dar
solución a los problemas económicos de Alemania dentro del marco del
capitalismo. El nacionalsocialismo propuso una solución en los problemas económicos
que no habían logrado los socialistas ni los comunistas. Dada la creciente
popularidad del nuevo movimiento, la burguesía alemana se vio obligada a pactar
con Hitler ante la perspectiva de tener que soportar un gobierno comunista.
En las potencias capitalistas como
Gran Bretaña y Estados Unidos la llegada del fascismo genero un gran temor
entre los dueños de los grandes capitales. Convencidos de las pocas
posibilidades que tenía el comunismo de imponerse en sus países, advirtieron
que un régimen fascista constituía un importante peligro en tanto amenazaba el
concepto más importante del capitalismo: la mano invisible del mercado. Esta
mano invisible era manejada por dichos capitalistas por un motivo muy simple:
ellos eran el mercado. La posibilidad cierta de que el fascismo se extendiera a
sus países provocó su alarma; para superar las consecuencias de la crisis de
los años 30 Franklin Delano Roosevelt se había visto obligado a implementar el
New Deal, sistema que presentaba muchas similitudes con los modelos fascistas
europeos. Además, los importantes progresos logrados por Italia durante el
gobierno de Mussolini y por Alemania en el breve término de seis años
demostraban la eficiencia del nuevo régimen en el manejo de la economía.
En conclusión, fueron las élites
económicas de Inglaterra y Estados Unidos las que mediante su inevitable
influencia sobre los gobiernos llevaron a sus respectivos países a entrar en
guerra con Alemania.

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