lunes, 2 de febrero de 2026

Caso HKN

 Paciente mujer que refiere conductas sexuales y de pareja cíclicas y reiteradas. Relata que inició su actividad sexual en una etapa muy temprana de la preadolescencia. Esta se caracterizó por su promiscuidad, teniendo múltiples relaciones sexuales con diversos sujetos de variadas edades. Durante su adolescencia las parejas relativamente estables que formó fueron todas conflictivas y de poca duración, caracterizándose por provocar enojos a sus ocasionales compañeros y agredirlos en algunas ocasiones. A lo largo de su vida experimentó todo tipo de relaciones sexuales (lesbianismo, tríos sexuales, relaciones incestuosas y otras que no relata).  A pesar de que no recuerda ningún caso puntual, supone que ha sido víctima de abuso sexual durante su infancia. Con sus parejas estables siempre ha sido infiel al punto de poner en duda la paternidad de sus hijos. Sus elecciones de pareja se centraron en sujetos dispuestos a tolerar o padecer sus infidelidades. En sus relaciones estables significativas adquiría un compromiso relativamente serio y manifiesta haber estado enamorada de estos sujetos. En todas ellas en un momento determinado buscaba otros compañeros a fin de mantener relaciones sexuales. Aparentemente estos episodios intensificaban sus sentimientos por su pareja oficial a la vez que potenciaban su excitación sexual. También refiere haber experimentado el sentimiento de que comete sus infidelidades "en beneficio" de las parejas a las que engaña, llegando en algún caso a expresarlo con la frase "lo hago por vos" como si fuera un sacrificio que sin embargo le produce una intensa excitación sexual: esto configura un goce desde el punto de vista lacaniano. Desde la psicología clásica se podría presumir que esta conducta que sería calificada de perversa tiene su origen en ciertas modalidades particulares de la relación entre sus padres y se debe a una identificación inconsciente con la figura de su madre. Actualmente ha sistematizado este método que aparentemente la satisface y le permite mantener un cierto tipo de equilibrio interno, y parece asumir el costo que representan las complicaciones que todo esto le genera al tener que soportar las recriminaciones y enojos de su pareja oficial a causa del goce que éstos le generan.

lunes, 19 de enero de 2026

Lavado de dinero de origen ilícito en el sector inmobiliario

 


El proceso de integración de dinero proveniente del lavado de activos en el sector inmobiliario es una de las etapas más críticas y complejas del blanqueo de capitales. Los delincuentes utilizan bienes raíces porque son activos tangibles, de alto valor y suelen tener una valorización estable, lo que permite "limpiar" grandes sumas de dinero de una sola vez.

Este proceso generalmente se divide en tres etapas fundamentales: colocación, estratificación e integración.

1. Colocación (Placement)

Es el paso inicial donde el "dinero sucio" entra por primera vez en el sistema legal. En el sector inmobiliario, esto puede ocurrir de varias formas:

Pagos en efectivo: Se utiliza dinero en metálico para pagar depósitos, adelantos o reformas estructurales.

Fraccionamiento (Smurfing): Realizar múltiples depósitos bancarios pequeños para no levantar sospechas en las entidades financieras antes de emitir un cheque para la compra.

2. Estratificación o Enmascaramiento (Layering)

Esta es la fase más compleja. El objetivo es crear una red de transacciones para ocultar el origen ilícito y distanciar el dinero de su fuente original.

Empresas fachada: Se utilizan sociedades pantalla (cascarón) o fideicomisos, a menudo registrados en paraísos fiscales, para realizar la compra.

Préstamos "Back-to-Back": El lavador deposita dinero ilícito en un banco extranjero y luego solicita un préstamo legal usando ese dinero como garantía para comprar la propiedad.

Manipulación de precios: Se declara un precio de venta inferior al real en las escrituras, pagando la diferencia "bajo la mesa" con dinero negro. Al vender la propiedad más adelante por su valor real, el excedente aparece como una ganancia de capital legítima.

3. Integración

Es la fase final donde el dinero, ahora invertido en una propiedad, aparece como legítimo y puede ser utilizado sin riesgo.

La fase de integración es la etapa final y más sofisticada del proceso de lavado de activos. En este punto, el dinero —que ya ha sido "estratificado" a través de múltiples transacciones para ocultar su origen ilícito— se reintroduce en la economía legal bajo una apariencia de total legitimidad.

Cuando se utilizan bienes inmuebles, la integración busca que el criminal pueda disfrutar de la riqueza o utilizarla para financiar actividades legales sin levantar sospechas de las autoridades.

1. La Venta del Activo "Limpio"

La forma más común de integración es la enajenación de la propiedad.

El lavador vende el inmueble que previamente compró con fondos de origen dudoso (o mediante empresas fachada).

Al recibir el pago del comprador (que puede ser un tercero de buena fe), el dinero entra en la cuenta bancaria del lavador como el producto de una transacción comercial legítima.

Ese capital ahora cuenta con un comprobante legal (escritura de venta) que justifica su origen ante cualquier entidad financiera.

2. Generación de Rentas Legales (Alquileres)

El inmueble se pone en el mercado de arrendamiento. Los ingresos mensuales por concepto de alquiler se depositan en el sistema financiero.

Estos flujos de caja se reportan como ingresos por rentas, permitiendo que el dinero sucio "se mezcle" con la rentabilidad real del mercado inmobiliario.

A menudo, se utilizan inquilinos ficticios o se inflan los precios de renta para bancarizar mayores sumas de dinero.

3. Préstamos de Garantía Hipotecaria (Back-to-Back)

Esta es una técnica avanzada donde el lavador utiliza el inmueble (ya integrado o en proceso) como colateral para solicitar un crédito bancario.

El banco otorga un préstamo real garantizado por la propiedad.


jueves, 8 de enero de 2026

LA GUERRA DIFUSA DE BAJA INTENSIDAD

 



La guerra, entendida como la situación en el que un país ataca o agrede a otro, ha evolucionado a través del tiempo. Antes de la segunda guerra mundial existía una regla no escrita por la cual el estado que iniciaba una guerra tenía la obligación moral de declarar tal intención al estado al que iba a agredir. Durante la segunda guerra esta norma fue violada tanto por Alemania como por Japón. Ante los terribles estragos que causaron las dos guerras mundiales, las potencias vencedoras que terminaron resultando adversarias (Estados Unidos y sus aliados por un lado, y la Unión Soviética y sus países satélites por el otro) llegaron a la conclusión de que una guerra directa y frontal entre dichos bandos traería más perjuicios que beneficios a ambas partes, sea que ganaran o perdieran la contienda. Esta idea resultó reforzada por la creación de las armas atómicas, cuyo alto poder destructivo en determinado momento creó el riesgo de la destrucción total de ambos contendientes. Aunque ya antes de la Segunda Guerra Mundial las potencias más importantes apoyaban a contendientes en las guerras que se iniciaban entre los países periféricos (guerra del Chaco, Guerra Civil Española, etc.) sin verse involucrados en forma directa, durante la Guerra Fría esta pasó a ser una modalidad que se dio en todos los conflictos bélicos. Si Estados Unidos apoyaba a un bando la Unión Soviética apoyaba al otro y viceversa. La guerra de Corea comienza esta escalada y el sistema se mantiene sin cambios hasta la guerra de Vietnam. Entonces Estados Unidos decide intervenir en el conflicto en forma directa mientras la Unión Soviética y China apoyan al bando comunista mediante la provisión de armas, aviones, etcétera. La novedad más importante es que en esta guerra Estados Unidos es derrotado. Este fenómeno se repite durante la invasión a Afganistán de parte de la Unión Soviética, que también acaba sufriendo una derrota. 
Debido a estas experiencias Estados Unidos continúa usando las tácticas de la Guerra Fría: hacer que un país ataque a otro cuando este último no cumple las expectativas de la primera potencia mundial, o fomentar golpes de estado para reemplazar a los gobernantes legítimos de esos países por gobiernos títeres. 
Estos métodos son en la actualidad muy conocidos, pero hay otra forma en la que Estados Unidos ataca a ciertos países: es la que se puede denominar denominar la guerra difusa de baja intensidad.
Los Estados Unidos prestan su apoyo al partido político que resulta más permeable a su influencia en el país en cuestión. Ya no lo imponen como gobierno mediante golpes de estado organizados por los militares, sino que promueven un "golpe institucional": este es la destitución de un gobierno elegido a través de medios legales o cuasi-legales, a menudo involucrando a diferentes poderes del Estado, como el poder judicial o el legislativo, en lugar de una toma militar directa. 
A diferencia de los golpes militares, los golpes institucionales buscan legitimar su accionar a través de interpretaciones legales o procedimientos que, aunque cuestionables, no implican una ruptura total del orden constitucional.
Pueden involucrar al poder judicial, al parlamento o a otros actores institucionales en la destitución del gobierno.
La destitución de Dilma Rousseff, acusada de manipular las cuentas públicas, es un ejemplo de golpe institucional.
El juicio político y destitución del presidente Fernando Lugo, acusado de mal desempeño de sus funciones, también es considerado un golpe institucional. 
En lo que va del siglo XXI, se llevaron a cabo con éxito golpes de estado en Haití (2004), Honduras (2009), Paraguay (2012), Brasil (2016) y Bolivia (2019).
En algunos casos los partidos políticos que son apoyados y se encuentran bajo la influencia de Estados Unidos han llegado al poder mediante elecciones democráticas. En Argentina se pueden citar los casos de los presidentes Carlos Menem. Mauricio Macri y Javier Milei.
En todos los casos los integrantes de estos partidos que llegan al poder son una pieza esencial para desarrollar varias agresiones sobre el país del que se trate: sus políticas no se limitan a fomentar la dependencia de los Estados Unidos,  sino que cumplen la misión de neutralizar, atacar o destruir cualquier institución o iniciativa que permita o genere algún progreso o mejora en el país.
Hoy en día, el concepto más preciso para describir la estrategia de confrontación "disimulada" que utiliza Estados Unidos (y otras grandes potencias) es la Guerra Híbrida.
Este modelo no busca necesariamente la destrucción física del enemigo mediante tanques o misiles en un campo de batalla tradicional, sino que opera en la llamada "Zona Gris": un espacio intermedio entre la paz total y la guerra abierta.
Guerra Económica y Sanciones:  Estados Unidos utiliza el poder del dólar y su control sobre el sistema financiero internacional (como el sistema SWIFT) como un arma.
Sanciones dirigidas: Bloqueos a países como Irán, Rusia o Venezuela para asfixiar su economía sin disparar una sola bala.
Guerra comercial: Aranceles y restricciones tecnológicas (especialmente contra China y empresas como Huawei) para frenar el avance estratégico del adversario.
Guerra de Quinta Generación (5GW): aquí el campo de batalla es la mente humana. El objetivo es desestabilizar a un país desde adentro mediante la manipulación de la información.
Operaciones de desinformación: Uso de redes sociales y fake news para polarizar a la población, erosionar la confianza en las instituciones o influir en procesos electorales.
Guerra Jurídica (Lawfare): consiste en el uso de sistemas legales y  judiciales como una herramienta de combate político. Se busca inhabilitar o desprestigiar a líderes opositores a los intereses estadounidenses bajo acusaciones de corrupción o irregularidades, logrando cambios de gobierno sin intervención militar directa.
Guerras Subsidiarias (Proxy Wars): en lugar de enviar sus propias tropas, Estados Unidos apoya financiera y militarmente a actores locales o terceros países para que luchen por sus intereses. El apoyo masivo a Ucrania frente a la invasión rusa permite desgastar las capacidades militares de Rusia sin que soldados estadounidenses entren en combate directo.
Para imponer políticas que favorezcan sus intereses, Estados Unidos no siempre necesita una intervención militar directa. En su lugar, utiliza una combinación de incentivos económicos, presión institucional y alianzas estratégicas con élites locales:
El "Consenso de Washington" y Organismos Multilaterales: Estados Unidos ejerce una influencia determinante sobre el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. Cuando un país latinoamericano atraviesa una crisis de deuda, estos organismos ofrecen préstamos bajo "condicionales. Para recibir el dinero, el gobierno local debe implementar reformas estructurales: privatización de empresas estatales, recortes en gasto público (salud y educación) y apertura total a las importaciones.
Esto permite que corporaciones estadounidenses compren recursos estratégicos (energía, agua, minería) a precios bajos y eliminen la competencia nacional.
El uso del Lawfare (Guerra Jurídica)
Esta es una herramienta clave para remover a gobiernos que se oponen al neoliberalismo y sustituirlos por otros más dóciles.
Se utilizan aparatos judiciales —a menudo entrenados o financiados mediante programas de asistencia de EE. UU.— para perseguir a líderes populares bajo cargos de corrupción.
Se logra la proscripción política de figuras incómodas y se pavimenta el camino para candidatos que prometen "seguridad jurídica" para el capital extranjero.
Alianza con las Élites Locales
Estados Unidos no actúa solo; se apoya en grupos de poder internos (grandes empresarios, dueños de medios de comunicación y sectores financieros) que se benefician del modelo neoliberal.
Muchos ministros de economía y presidentes de bancos centrales en la región son formados en universidades estadounidenses (como la famosa "Escuela de Chicago"), lo que asegura que compartan la misma visión ideológica.
A través de agencias como la USAID o la NED, se financian ONGs y movimientos que promueven agendas de "libre mercado" y desestabilizan proyectos con enfoque nacionalista o socialista.
Tratados de Libre Comercio (TLC): Estos acuerdos a menudo son asimétricos. Estados Unidos ofrece acceso a su mercado, pero a cambio exige:
Protección de patentes: Lo que encarece los medicamentos y la tecnología para el país latinoamericano.
Tribunales de arbitraje: Si un país decide soberanamente cambiar una ley que afecta las ganancias de una multinacional (por ejemplo, una ley ambiental), la empresa puede demandar al Estado en tribunales internacionales (como el CIADI), donde el país suele perder.
Financiero: Deuda y préstamos del FMI. Ajuste fiscal y privatizaciones.
Judicial: Lawfare contra líderes opositores. Cambio de gobierno sin votos ni armas.
Diplomático Sanciones y bloqueos. Aislamiento de gobiernos "rebeldes".
Mediático: Propaganda y desinformación. Creación de consenso a favor del neoliberalismo.
Para asegurar que los países periféricos no se conviertan en competidores directos y se mantengan como proveedores de materias primas o mercados de consumo, Estados Unidos promueve —a través de gobiernos aliados— una serie de políticas diseñadas para frenar la industrialización y la autonomía tecnológica.
Estas políticas actúan como un "techo de cristal" para el desarrollo:
Bloqueo de la Transferencia TecnológicaEn lugar de ayudar a los países a desarrollar su propia tecnología, se imponen reglas que los obligan a ser "usuarios finales" perpetuos.
Propiedad Intelectual Estricta: A través de Tratados de Libre Comercio (TLC), se imponen leyes de patentes que impiden la "ingeniería inversa" o la producción de genéricos (en medicina o software). Esto asegura que el país dependa siempre de licencias costosas de empresas estadounidenses.
Restricción de Tecnologías de Uso Dual: Se limita la venta o el desarrollo local de tecnologías que podrían tener aplicaciones tanto civiles como militares (satélites, energía nuclear, biotecnología avanzada), bajo el argumento de la "seguridad global".
Primarización de la Economía (Extractivismo): los gobiernos alineados suelen desmantelar los subsidios a la industria nacional para enfocarse en la exportación de recursos naturales.
Desindustrialización selectiva: Se eliminan aranceles que protegían a las fábricas locales, permitiendo que productos manufacturados baratos (muchas veces de empresas estadounidenses o sus subsidiarias) inunden el mercado y quiebren la industria nacional.
Especialización obligatoria: Se convence al país de que su "ventaja competitiva" es solo el litio, el petróleo o la soja, desincentivando la creación de valor agregado (por ejemplo, fabricar baterías de litio en lugar de solo exportar el mineral).
Control de Infraestructura Crítica: Estados Unidos presiona para que sus aliados no acepten inversiones en infraestructura de potencias rivales (especialmente China).
El caso del 5G: EE. UU. ha presionado activamente a gobiernos de América Latina para que excluyan a empresas como Huawei. El objetivo no es solo la seguridad, sino asegurar que la columna vertebral de las comunicaciones futuras sea controlada por empresas occidentales.
Se promueven acuerdos para la gestión de puertos o centros aeroespaciales (como el puerto de Ushuaia o bases en Neuquén y Chile), asegurando que el control logístico de rutas estratégicas no caiga en manos competidoras.
Mediante la "Fuga de Cerebros" incentivada a través de programas de becas y visas especiales, se atrae al talento científico y técnico más brillante de los países en desarrollo. El país de origen invierte millones en educar a un científico en una universidad pública, pero al no existir una industria nacional fuerte (debido a las políticas de ajuste), ese profesional termina trabajando en Silicon Valley, beneficiando la economía de EE. UU. en lugar de la propia.
Desprotección de industrias nacientes: Libre mercado total (Apertura). Desaparición de fábricas locales.
Soberanía sobre recursos: Privatización y concesiones largas. Pérdida de renta y control nacional.
Estas políticas crean una trampa de ingresos medios: el país crece un poco, pero nunca logra el salto tecnológico necesario para competir con las potencias, quedando atrapado en un ciclo de deuda y exportación de materias primas.
Además de estas agresiones más o menos solapadas que lleva a cabo Estados Unidos -a menudo con la colaboración de algunos países aliados-, existe una agresión paralela que, a pesar de que no participan los estados en su condición de tales, está íntimamente ligada a las anteriores y persigue los mismos fines. En este caso resulta difícil determinar con precisión quiénes son los agresores y quiénes son las víctimas. 
Quiénes la llevan adelante son esencialmente grupos económicos y financieros que, además de las funciones que expresamente reconocen y en las que encuentran su razón de ser, desarrollan estrategias para maximizar sus beneficios abusando de un poder y una impunidad que les permite perjudicar a los sectores de la sociedad qué carecen de ese importante poder económico. 
La mayoría de estos grupos económicos y financieros funcionan como empresas transnacionales, aunque esta no es una regla absoluta; cualquier persona, empresa o institución puede llevar adelante estas estrategias siempre y cuando cuente con el capital necesario. 
Los ejemplos más visibles se pueden advertir en las empresas de servicios que forman oligopolios y de las qué la inmensa mayoría de los ciudadanos no pueden prescindir. Bancos, financieras, empresas proveedoras de servicios como energía, comunicaciones, etc. imponen a clientes y usuarios condiciones abusivas que les resultan perjudiciales y que no pueden evadir debido a que estos grupos influyen sobre políticos y jueces para que dicten y apliquen leyes que los favorezcan y dejen desprotegidos a los usuarios. 
Además de estos ejemplos existen casos menos conocidos: Alemania, que se presenta como un ejemplo de país exitoso, enfrenta en la actualidad una crisis de vivienda. El dueño de una de las más importantes empresas constructoras de ese país explicó el problema: para iniciar cualquier emprendimiento se ve obligado a recurrir a un crédito de un banco, que se lleva una parte importante de los beneficios que le reporta la actividad de su empresa e impide de esta manera que el empresario logre formar un capital propio. Muchos empresarios quedan atados a un círculo vicioso que perpetúa su dependencia de los bancos. A su vez estos reciben otro beneficio proveniente de esta actividad, pues los adquirentes de las propiedades deben recurrir a hipotecas para poder adquirir una vivienda. 
Este sistema se sostiene en una complicidad tácita de los distintos factores económicos. Muchas empresas simulan competir entre sí, pero esta competencia está limitada con el fin de que ninguna de ellas tenga pérdidas y todas obtengan beneficios. Otras -como la de el empresario de la construcción qué ha servido de ejemplo- soportan algunos de los perjuicios que los grandes grupos les causan para poder continuar con su actividad recibiendo parte de los beneficios, o en los casos más severos para evitar desaparecer del mercado.  
Los únicos que no pueden evitar ser perjudicados y resultan las verdaderas víctimas de este ataque son los ciudadanos comunes que viven de un trabajo en relación de dependencia o desarrollan una actividad autónoma que no les permite acumular un capital significativo. 
El sistema se sostiene mediante la complicidad de los distintos gobiernos. Al depender de los recursos de los grandes grupos de poder económico, gobiernan únicamente para beneficio de estos, por lo que resultan cómplices y en consecuencia forman parte de los agresores. 
De los dos bandos que participan en esta guerra, el agresor tiene todas las ventajas y las víctimas no tienen ningún recurso para repeler la agresión o protegerse de ella.