domingo, 6 de junio de 2021

AGUAFUERTES ARGENTINAS

 


EL OPOSITOR FURIBUNDO ANTI K



El anti k furibundo es un fenómeno notable, aunque no nuevo: es el descendiente del antiperonista acérrimo, ese que escribía en los muros “¡Que viva el cáncer!”. 

Se lo reconoce por sus inflamadas arengas que rechazan cualquier intento de debate racional: ante cualquier aclaración que se le solicita sobre algún concepto que vierte, difícilmente es capaz de contestar con una frase que supere la pobreza intelectual del “¡Yegua puta!”.

Para ubicarlo en el espectro de la sociedad argentina hay que reconocer en él ciertas características que -si bien no definen “per se” a este sujeto, pues siempre hay excepciones- se encuentran en forma singular o plural en cada uno de ellos:

• En principio, no sirve medir su caudal económico para ubicarlo: hay anti k adinerados, pero  también los hay muertos de hambre que quieren aparentar que no lo son.

• El anti k reconoce generalmente un pasado de gloria familiar: el padre o el abuelo o el tío segundo tuvieron campos o un negocio importante hace cincuenta años: pero gracias al turro de Velez Sarsfield o al Casino de Mar del Plata, a ellos no les tocó casi nada en la repartija.

• Su medio de vida nunca se limita exclusivamente a un salario: si bien puede ser empleado público, docente, o hasta trabajar en una empresa privada, tiene algún pequeño ingreso extra (que puede ser la renta de alguna propiedad heredada, la ayuda económica de los padres o abuelos, una buena cuota alimentaria del ex cónyuge acomodado, etc.) que le permite cagar un poquito mas alto que sus compañeros de trabajo.

• Entre los trabajadores en relación de dependencia se encuentra el anti k jerarquizado: es el encargado, capataz o simplemente chupamedias del patrón, que está convencido de que la mísera cuota de poder de la que que disfruta sobre sus compañeros lo diferencia sustancialmente de ellos.

• En otros casos, es un pequeño comerciante (a veces tan pequeño, que le convendría trabajar en relación de dependencia, porque ganaría mas dinero) que vive de evadir impuestos, o de disfrutar de un margen de ganancia inaceptable en cualquier país del mundo, o de explotar a un par de empleados a los que despide religiosamente al año y medio sin indemnizarlos, o -en algunos casos extremos- que se las arregla para cobrar por servicios que no presta o presta mal.

• Algunos de ellos reconocen orígenes humildes; pero al haberse casado con el patrón o con su hija, renegaron de aquellos, a tal punto que detestan lo que fueron y odian a quienes se lo recuerdan.

• También puede ser un profesional fracasado, que mira con envidia a sus colegas exitosos, aun siendo consciente que su escasez de fortuna es directamente proporcional a su falta de capacidad.

• El jubilado anti k es el que supo tener un buen ingreso durante su vida activa que le permitió tener casa propia y un autito; aunque ya no pueda darse algunos gustos, se siente superior al asalariado actual, quien ya no tiene esa posibilidad. 

• También existe el anti k vocacional: es el vago. Poco influye en su vida la ideología del gobierno de turno, pero desplaza hacia ésta la responsabilidad por las consecuencias de su pereza. Fue “anti” de todos los gobiernos que tuvo el país, y lo será también de los que vengan.

• No debemos olvidar a los parientes o ex integrantes de fuerzas de seguridad: la ideología casi siempre se transmite entre las generaciones.

• En general, el anti k es católico: si no va a la iglesia todos los domingos, por lo menos exhibe en su moral los principios más retrógrados del ideario occidental y cristiano.

En conclusión, el opositor anti k furibundo lo es porque siente que su realidad no es lo que debiera ser, que la vida no le ha dado que él piensa que merece, que la historia lo dejó a un costado. No asume su verdadera situación ni su responsabilidad por ella, y necesita un chivo expiatorio. No hay motivos reales para su sobreactuado descontento, porque durante estos últimos diez años ni perdió su industria, ni quedó desempleado como pudo haberle sucedido en la época de Menem, ni le devolvieron pesos devaluados en lugar de dólares, ni se ensartó con un crédito en dólares, ni perdió su negocio como pudo pasarle con De la Rúa,  ni le bajaron la jubilación ni el salario real; y además nadie lo molestó cuando salió a protestar con su cacerola. Si comparamos su situación actual con la que disfrutó en el pasado, llegamos a la conclusión de que se queja de lleno.

Es por eso que el debate lo irrita: porque lo pone en evidencia. Por este mismo motivo tampoco se atreve a proponer soluciones a los problemas reales. Si se habla de economía, se queja de la inflación, pero no aporta la más mínima idea para detenerla. Si el tema es la inseguridad, es partidario del linchamiento o de la pena de muerte, pero no se interesa en lo más mínimo por apoyar una reforma judicial o algún proyecto legislativo que resulte medianamente coherente con sus supuestas expectativas.

El problema del anti k furibundo no es político: es personal.  Es por eso que sus quejas sobre el gobierno no tienen sentido. Debería buscar la solución en el ámbito adecuado -sea cual fuere éste-y dejar de hacerle el caldo gordo a quienes en el pasado se enriquecieron deshonestamente a costa de sus compatriotas.


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