Leopold Bloom y Stephen Daedalus -dos investigadores neozelandeses expertos en Teología pertenecientes al plantel de la Invercargill Methodist Church University- han planteado una teoría revolucionaria que cambiaría los conceptos fundamentales de la fe cristiana al descubrir el motivo por el que Dios es invisible y rara vez se manifiesta en una forma que resulte perceptible mediante los sentidos.
Partieron de elegir entre uno de dos postulados que sostiene la religión cristiana, a saber:
1- Que Dios es perfecto.
2- Que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza.
Advirtiendo que la perfección, por ser un concepto absoluto, debe quedar excluída de cualquier sistema formal según el Teorema de Gödel, y que de ser cierto el primer postulado sería falso el segundo -pues el hombre es imperfecto-, el nuevo paradigma descarta la perfección divina mediante la aplicación de la lógica formal y permite así estudiar a Dios desde la perspectiva más accesible de sus semejanzas con el hombre.
En una segunda instancia, aplicando el principio metodológico y filosófico denominado "La navaja de Ockham" según el cual en igualdad de condiciones la explicación más sencilla suele ser la correcta, los investigadores llegaron a la conclusión de que Dios no se deja ver ni se manifiesta porque es tímido.
Como toda nueva teoría, ésta ha generado fuertes resistencias, sobre todo en el Vaticano, donde se considera inadmisible que se presente a la divinidad como un ser asustadizo y pusilánime.
Los investigadores le escribirán al Papa con la intención de convencerlo de que rechazar esta teoría a la larga resultará un mal negocio: "No se entiende que esta gente que predica el perdón sea incapaz de dejarle pasar a Dios un mísero defecto y se pierda así la posibilidad de refutar el principal argumento de la mayoría de los ateos, quienes se niegan a creer en lo que no ven" advierten los científicos.
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